1º de mayo: “La primera deuda del país es interna, es social”

“No puede ser que la preocupación porque ‘cierren los números’ (de alguna empresa, o incluso de un estado) tenga como variable de ajuste primera el despido o la flexibilización laboral”, aseguró Pedro Forneau.

El párroco de la Iglesia Santa Rosa de Lima de Coronel Pringles integra la Comisión Arquidiocesana de Pastoral Social y al ser consultado por Cáritas sobre su visión de la realidad laboral en el marco del Día Internacional de las trabajadoras y los trabajadores destacó que “Argentina es un país endeudado, pero la primera deuda, es interna: es social”.

-¿Cómo evalúa la realidad laboral en el marco de este 1º de mayo?

La cuestión laboral, y las posibilidades y oportunidades de trabajo digno, siguen siendo un desafío y, en buena parte, una deuda. Es una gran pregunta la de cómo hacemos para sostener las esperanzas de gran parte de nuestro pueblo, y animar los sueños de realización de nuestros jóvenes, ante un mundo (sociedad, mercado laboral, economía) que parece decirles: “Vos acá no tenés lugar”.

Para nuestros jóvenes, no es fácil encontrar oportunidades de trabajo, menos cuando no han podido acceder a estudios superiores, o ni aun siquiera han podido completar la formación básica. Para los adultos, también es muy difícil encontrar trabajo: si no está capacitado, si ya tiene demasiada edad, si tiene hijos a cargo, etcétera, son condicionamientos a la hora de entrar a trabajar muchos de nuestros hermanos.

Nuestro pueblo no es vago. La gente quiere trabajar. Y si alguien no le ha “tomado el gusto al laburo” es porque le han robado la oportunidad de ver que es más lindo ser trabajador, creador, artífice, que vivir indignamente “mantenido”.

Démosle, de veras, a alguien niño el testimonio de adultos que mantienen su hogar con dignidad y llevan el pan de cada día con la alegría del esfuerzo del trabajo; démosle, a ese mismo niño, la oportunidad de aprender, de estudiar y proyectarse, y de tener ya más grande un trabajo en blanco y remunerado en justicia. Démosle una vida así, o la humillación del que vive condenado a recibir una asistencia “de arriba”, que ni alcanza ni dignifica, y veamos qué elige.

Nuestro pueblo es hijo de inmigrantes corajudos y sacrificados: esa es nuestra sangre. Somos hijos de un pueblo sacrificado. Pero otra cosa es sacrificar al pueblo; debemos reconocer que no siempre en nuestra historia reciente hemos cuidado el don y derecho del trabajo: nuestros dirigentes, nuestros gobernantes, los sindicalistas, los empresarios, los sectores que en una determinada coyuntura se han visto beneficiados por medidas económicas de un gobierno, los dueños de las finanzas, ¿de verdad han hecho todo lo posible para dar trabajo? ¿De verdad han hecho lo posible para cuidar el trabajo y la cultura del trabajo? Personalmente, creo que no.

-¿Cuáles son las causas que provocan esta situación?

No creo poder hacer una justa enumeración de las causas. Pero sería de ciego e insensato no intentar, al menos, sostener esa pregunta. Francisco, en la Evangelii Gaudium, señala que una de las causas de la exclusión (y la exclusión, la falta de oportunidades y lugar) es el “fetichismo del dinero”: a la primacía del ser humano, hoy sucede la primacía del tener y poseer, y con ello, del consumo.

“Aceptamos pacíficamente el predominio del dinero sobre nosotros y nuestras sociedades”, y así hemos creado otro becerro de oro que “ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (EG 55). El dinero, que está al servicio de los hombres, ha sido endiosado y hoy el hombre es tratado muchas veces como mercancía, como medio, para ganar más dinero.

Si estuviera en el centro de las preocupaciones el hermano, el vecino, el empleado, el compañero de trabajo, el ciudadano… el pueblo!, verdaderamente no tendríamos esta degradación, en la cultura del trabajo, ni el escándalo de las ganancias de una poca minoría supuestamente feliz mientras el bienestar de la mayoría queda cada vez más lejos (cf. EG 56).

No puede ser que la preocupación porque “cierren los números” (de alguna empresa, o incluso de un estado) tenga como variable de ajuste primera el despido de trabajadores o la flexibilización laboral. Argentina es un país endeudado. Pero la primera deuda, es interna: es social.

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