«Cáritas tenía que tener presencia en La Esperanza”

La comunidad del barrio La Esperanza de Monte Hermoso y la Cáritas de la Parroquia Stella Maris celebran este lunes, en vísperas de la Navidad, el trabajo realizado durante el año. En esta nota, Maridel Pelaiz, referente de nuestra institución en la localidad balnearia, repasa la historia de la comunidad, los proyectos que emprendieron y el impacto de la pandemia.

Maridel comentó que desde Cáritas caminan en el barrio desde 2009: «Venía conformándose una primera parte y después tuvo una explosión en 2011 o 2012 por la necesidad de la gente que en algunos casos no podía pagar alquileres. Son tierras fiscales que en parte se habían tomado, habíamos hecho una reunión sentados en un médano que hoy es todo casas, queríamos conformar un grupo barrial».

Muchos de sus habitantes son trabajadores migrantes internos y de países cercanos que llegaron con «el auge de la construcción en Monte Hermoso» y mujeres que se dedican a tareas de cuidado y se emplean en tareas de limpieza durante la temporada.

Levantaron sus casas con chapas, muchas de las cuales ya fueron mejoradas con material. El barrio se extiende por 7 manzanas con 226 parcelas habitadas por 192 familias. En abril de 2020 un censo contó 647 habitantes.

«Está densamente poblado, hasta en la ladera de un médano. Arriba hay casas, están teniendo problemas de que se desmorone, los días de lluvia va socavando, hay una casa de madera donde vive una familia muy numerosa que está muy afectada», afirmó Maridel y destacó que «hay jóvenes en pareja que viven dentro del mismo espacio físico que sus padres».

Ante esta realidad, la Cáritas conformó un fondo para materiales con remanentes del Redondeo Solidario de la Cooperativa Obrera, el redireccionamiento de un fondo capacitación que no pudo ser utilizado por la pandemia del área de Economía Solidaria de Cáritas Bahía Blanca y donaciones mensuales de particulares. Compraron pallets de ladrillos y abrieron un círculo de créditos sin interés para mejorar las viviendas.

Caja de herramientas

Maridel y sus compañeras entendieron que el Barrio La Esperanza «es un lugar donde Cáritas realmente tenía que tener presencia». El barrio no solo carece de «conectividad» digital sino también padece aquella que aleja a sus integrantes de las oportunidades que brinda el centro de la ciudad, las personas «vienen muy esporádicamente pero no se involucran en actividades de capacitación. Hay mucha gente adulta que abandonó sus estudios secundarios, que quiere terminarlos pero al centro no viene, por las distancias y que es difícil salir del barrio por la condiciones climáticas y de accesibilidad. Algunas instituciones no tienen dentro de su planificación la llegada a los sectores vulnerables».

El Centro de Formación Profesional está a una escalinata de distancia física, sin embargo, los recursos y materiales con los que puede comenzar el alumnado de uno u otro barrio marcan la diferencia.

«Esto lo vimos y por eso es que llevamos los cursos al salón donde todos son iguales y después salen con sus productos. En la primavera de 2019 y diciembre de 2020 participaron con muy buenos resultados en una feria junto a la parroquia donde mostraron y comercializaron su trabajo».

La Cáritas de La Esperanza realizó sus primeras actividades en la casa de una vecina. «Hacíamos costura, llevábamos mercadería, festejábamos el día del niño, llevábamos canastas navideñas y siempre lo recorríamos, siempre nos tomamos el tiempo para ir y estar».

En 2014, por gestión del fallecido concejal Esteban Rusconi, accedieron al terreno donde construyeron la platea dos años después. «La ladera de casas de chapa no existía, todo fue con fondos de Cáritas. Optamos por hacer feria de ropa y llevábamos el dinero para emparejar el terreno, que era un pozo. Pedíamos en los edificios de la costanera un metro de hormigón, habíamos hablado con la empresa para que donen todos. Fuimos levantando con mano de obra gratuita hasta las aberturas, y a través de un proyecto obtuvimos el techo por gestión de Cáritas Diocesana ante Cáritas Nacional».

 

Maridel recordó que «el camino no fue fácil porque éramos dos o tres que íbamos y veníamos llorando. Encontrábamos perros teniendo cría, colchones quemados, suciedad, ¿qué estamos haciendo acá? ¿Dios querrá que vengamos? Al otro día sonaba el teléfono y tenía la prueba de alguien que donaba cemento o dejaba pago materiales».

La obra terminó en 2018 como Comunidad Signo de Cáritas Nacional con acompañamiento de Cáritas Diocesana. «En 2019 trabajamos todo el año ahí, empezamos a convocar a la gente, ahí se iba a asistir sino a promoción y dignidad humana».

«Aprendieron a coser, a hacer pan, Cáritas daba insumo y se hacía. Vinieron un montón de proyectos, recursos, material didáctico, apoyo escolar, gazebos para las feria con budines y manualidades en el patio de la parroquia, lo que se recaudaba se repartía entre las personas y así hoy día son las que nos acompañan».

En los últimos meses se brindaron cursos de panificados y conservación de alimentos y carnes. «Es un chef que en 2019 enseñaba a hacer fideos y ahora va a enseñar a hacer tartas y empanadas y estamos proponiendo que se empiecen a utilizar las legumbres que tienen vitaminas».

El apoyo escolar lo ofrece un grupo de 7 maestras jubiladas que concurren 3 veces por semana. La institución está vinculada a la Escuela Primaria N°2 desde donde les derivaban a niñas y niños de primero y segundo grado que habían tenido dificultades durante la pandemia. «Ahora por un programa del gobierno los hacen ir a la escuela y nosotros llamamos a los chicos que necesitan que los ayudemos a hacer los deberes».

«La pandemia fue muy complicada»

A fines de marzo de 2020 la pandemia de coronavirus se extendía por el país y el gobierno nacional decretaba el aislamiento obligatorio. En Monte Hermoso las obras se paralizaban y en el barrio La Esperanza el dinero que las familias habían podido juntar durante la temporada no iba a durar mucho tiempo.

«Como no nos podíamos comunicar entre nosotros empezamos a hacer el acopio de la mercadería y la logística de pedir precios a mercados, les pasábamos la lista de la gente que necesitaba para que vayan derecho a buscarlo. Con la garrafa llevábamos los mismos controles, el comercio colaboró. Comenzamos a armar la canasta en la casa de una compañera y uno del barrio venía con un cuatri a llevarlas a su casa y avisaba por grupo que ya estaban así se movían solo dentro del barrio. Se les enviaba pan, comidas especiales, carnes, insumos para hacer algo más que los fideos y las lentejas de toda la semana», relató Maridel.

Respecto al impacto sanitario, sostuvo que muy pocos vecinos y vecinas se contagiaron y subrayó que no se registraron fallecimientos en la comunidad. «Cuando podíamos ir nos acercábamos con barbijos, nos comunicamos muy bien y comenzamos a construir».

Siembra colectiva y solidaria

Las integrantes de la Cáritas no se conformaron con enfrentar la pandemia con kits de higiene y bolsones con productos no perecederos.  Querían ofrecer «algo que les diera sustento alimenticio» y así proyectaron la huerta comunitaria.

Hubo un intento frustrado junto al Municipio en un terreno prestado y, luego, la decisión de ubicarla en el predio de la sede. Allí se instaló un invernadero de 8×4 metros financiado por Cáritas Argentina, a través del programa de “Apoyo para el fortalecimiento y desarrollo de la organización comunitaria en el contexto de emergencia sanitaria en los barrios populares” del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

«Tenemos programado hacer plantación dentro del espacio que nos queda. Una persona del mismo barrio es el encargado, sabe muchísimo de huerta y va a enseñarles a manejar a las vecinas de 5 o 6 familias. El objetivo es que el que viene a trabajar se lleva su producto».

El verano trae la posibilidad de empleos temporarios que alivien las dificultades económicas y en Cáritas no pierden de vista la promoción de la dignidad humana a pesar de las urgencias que trajo la pandemia. Por su parte, el Municipio tiene por delante el desafío de garantizar la seguridad de la comunidad que convive con conexiones precarias y desbordes cloacales.

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Finalizando el 2021 desde Cáritas Arquidiocesana vemos el crecimiento, el gran trabajo y compromiso de esta comunidad y recordamos las palabras de Francisco en la Basílica de San Pedro, 14 de noviembre 2021: “No podemos limitarnos a esperar, tenemos que organizar la esperanza. Si nuestra esperanza no se traduce en opciones y gestos concretos de atención justicia, solidaridad y cuidado de la casa común, los sufrimientos de los pobres no se podrán aliviar, la economía del descarte que los obliga a vivir en los márgenes no se podrá cambiar y sus esperanzas no podrán volver a florecer, a nosotros nos toca organizar la esperanza- traducirla en la vida concreta de cada día, en las relaciones humanas en el compromiso social y político”.

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