De la asistencia a nuevas alternativas de acompañamiento

El vicedirector de Cáritas Arquidiócesis de Bahía Blanca balanceó la labor institucional durante 2020 y comentó las expectativas para el año que comienza. 

Afirmó que la emergencia social y sanitaria provocó el planteo de nuevas formas de trabajo por parte de las comunidades parroquiales y el vínculo con otras organizaciones.

Generar nuevas propuestas desde Ecosol, promocionar el trabajo de Vivienda en mejoramientos habitacionales y gestar proyectos con las Parroquiales para «una Cáritas en salida» es el desafío del 2021.

Vidal recordó que la planificación para el 2020 se orientó a la ampliación de la presencia territorial de las áreas de Economía Solidaria y Vivienda y a reforzar el acompañamiento pastoral de varias Cáritas de la diócesis. «Veníamos de años muy difíciles, se había arrancado con las bolsas de alimentos, campañas para llegar a la gente con mayor necesidad y la problemática energética».

Sin embargo, la llegada del coronavirus cambió las prioridades y paralizó la actividad en muchas Cáritas Parroquiales. «La pandemia provocó un llamado de atención respecto a cómo estaba la ciudad. Contaba con un alto índice de pobreza y situaciones bastante complejas”.

La propuesta comunal fue la conformación de una mesa de crisis. En representación de la Iglesia participaron representantes de distintas pastorales que venían desarrollando tareas de asistencia. «Se sumaron un médico y un abogado con la idea de pensar la cuestión sanitaria, la alimenticia y el aislamiento en caso que sea necesario facilitarlo a personas que lo necesiten».

Con la Red Solidaria y el Banco de Alimentos se realizó la colecta #RememosJuntos, orientada a la compra de mercadería para tres mil familias. «Fue en todos los barrios con referentes de distintas organizaciones y las delegaciones, se puso en contacto con cada uno de ellos y se coordinó el formato de organización barrial».

Los resultados de la planificación territorial fueron diversos y estuvieron relacionados con el desarrollo previo de redes institucionales de cada sector. «Con Red Solidaria y grupos scouts se recibieron los alimentos y se armaron las bolsas, las cuales se fueron derivando a algunas Cáritas que estaban abiertas».

Fueron varias las Cáritas que cerraron sus puertas porque sus integrantes son grupo de riesgo. Sin embargo, «las comunidades buscaron estrategias para seguir trabajando. Eso es interesante porque rompe con el mecanismo de la Cáritas como una pastoral aislada de la parroquia».

«Otro gran tema era la pérdida de empleo, la imposibilidad de circular, de generar trabajos e ingresos informales, la gente no tenía recursos para sobrevivir y hubo que incrementar la asistencia en muchos lugares con otras organizaciones políticas y religiosas tratando de ir coordinando y buscando la manera», afirmó Vidal.

Desde el área Pastoral se contactó a las Cáritas Parroquiales para conocer sus necesidades y, en líneas generales, se las pudo atender con el envío de fondos de Cáritas Nacional que fueron destinados a la compra de alimentos. 

«Esto sobrepasó todo tipo de demandas e hizo que todo fuera poco, acá tenemos la dimensión de pensarnos desde una estructura organizacional y lo que significa la ausencia del Estado. El mayor aprendizaje es que el volumen de situaciones que se viven es tan grande que dos o tres instituciones no pueden subsanar una crisis global».

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