“En lo pequeño de todos los días se pueden hacer grandes cosas”

El sacerdote Juan D’amico es asesor de Cáritas Arquidiocesana Bahía Blanca desde 2003. Monseñor Néstor Navarro lo eligió para continuar su tarea cuando fue designado obispo del Alto Valle de Rio Negro.

“Como la Cáritas es una organización oficial de la Iglesia hay una especie de tradición de que haya un cura cerca para acompañar, asesorar, por eso la importancia de que sea un tipo que mínimamente entienda de qué se trata”, comentó al ser entrevistado en el marco del 48º aniversario institucional.

El párroco de Nuestra Señora del Carmen planteó que “el gran problema de fondo es cómo hacemos los cristianos para transformar la realidad. Es un problema de ciudadanía. Cómo los ciudadanos argentinos que son católicos influyen para que el Estado tenga una preocupación seria con el tema de la exclusión y la pobreza”.

-¿Cómo crees que debe realizar su misión Cáritas Arquidiocesana?

La misión debe ser encarada como la encara Cáritas, tratando de hacerlo desde los pobres, con proyectos de promoción, tratar de salir del primer paso urgente que es ​la asistencia. Decir, bueno, estamos en crisis y tenemos que dar de comer y dar una ropa aunque sea usada y buscar proyectos que vayan haciendo una transformación más de fondo.

Por un lado, es un mandato de la fe: tuve hambre y me diste de comer, estuve preso y me visitaste. Pero, por otro lado, es una acción subsidiaria. Yo solía decir que es un mal necesario Cáritas porque si todos los creyentes tuvieran una actitud de participación, de colaboración, no habría pobres. Porque hay pobres porque hay ricos.

Y si el Estado estuviera cumpliendo bien su rol no haría falta tener proyectos de mejoramiento habitacional, por ejemplo. Cáritas empezó y ahora lo está haciendo el Estado también porque después de muchos años reconoció que hay un montón de gente que no llega a los planes de vivienda porque vive de changas, de trabajo inestable, va haciéndose el ranchito como puede y nunca tienen trabajo estable para pagar una cuota de dos mil mangos durante veinte años.

O el trabajo del área de Economía Solidaria en la Cáritas nuestra, acompañando a emprendedores para que puedan hacer el camino de crecer, juntarse, organizarse. Es difícil, la gente tiene que ir superando un montón de desconfianzas, de individualismos, de sálvese quien pueda. Es gente que viene muy de abajo y es todo un proceso para que se organicen y digan «vamos a hacerlo juntos».

Es un trabajo que por ahí el Estado no puede o no quiere hacer porque requeriría mucho tiempo. La Feria del Lago y el local de comercio justo Reloj de Arena se hacen a fuerza de mucho trabajo humano. Vos podés tener los planes pero tenemos una idiosincrasia muy individualista. Pasa con la fe católica en muchos casos, cada uno en su casa y Dios en la de todos, lo comunitario renguea mucho.

-¿Desde la tarea pastoral cuál es el camino de Cáritas Arquidiocesana?

El mensaje cristiano, el mensaje de tenía hambre y me diste de comer. El mensaje que ​dejó​ el obispo (Carlos Azpiroz Costa) en la misa con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres. Que el papa haga una jornada por los pobres significa que el tema no está tan presente. ¿Por qué no hacemos una jornada mundial de la liturgia o de la misa? Porque eso está presente. No hay una jornada mundial de la devoción a la Virgen o una jornada mundial del rezo del Rosario. Eso está presente y se hace todo el tiempo.

Pero hay que subrayarlo una vez al año -como el tema de la paz, de las misiones-, son temas que faltan, se van desmereciendo, van perdiendo calidad humana en el transcurso de la vida, de la historia.

-¿Cómo analizás el contexto social en el que se realizó la Jornada de los Pobres?

Como cuando en el truco tenés 27 de envido y sos pie, el de mano te gana y vos decís «ojo pegando». Le pega en el ojo a todo el proyecto este de exclusión.

Están convenciendo a la gente que tiene que ganar menos para que dentro de muchos años gane más. Es un argumento muy raro, yo te estoy pegando trompadas p​ara que no sufras. Es fenómeno el argumento.

Entonces, la jornada como tal no es que va a resolver gran cosa pero abre una puerta a un montón de gente de buena voluntad que quiera entender el problema. Este año fue la primera pero el que viene, con tiempo, tenemos que pensar cómo le damos una orientación más de reflexión porque los gestos y la preocupación en la medida que podemos con la gente que podemos los vamos haciendo durante todo el año.

Esa es la idea, no hay que esperar que porque hay una jornada mundial se van a convertir todos los católicos en la Madre Teresa, o en Romero o en Angelelli.

El gran problema de fondo es cómo hacemos los cristianos para transformar la realidad. Es un problema de ciudadanía. Cómo los ciudadanos argentinos que son católicos influyen para que el Estado tenga una preocupación seria con el tema de la exclusión y la pobreza.

Políticamente hablando dicen «es un escándalo, no puede ser que en un país que produce alimentos para 400 millones haya tres o cuatro millones que no tienen para comer». Y en un país donde por lo menos el 60 o 70 por ciento de los habitantes dicen que son cristianos -sumemos católicos y de los otros y no exageremos porque en una época se decía que era el 80- también es un escándalo que se apruebe una serie de leyes que dejan afuera a un montón de gente o que no haya, como están pidiendo algunos partidos políticos ahora, una emergencia alimentaria.

-¿Ese deterioro lo ves en el trabajo en los barrios o la parroquia?

Sí pero no se nota tanto en lo concreto. Antes de las elecciones decían en Cáritas que estaba viniendo menos gente. Algunos lo atribuían a que habían estado en algunos barrios repartiendo cosas, mercadería y algunos colchones o frazadas, cosas así.

El hecho puntual es que estaba viniendo menos gente. Ahora estamos a la expectativa a ver qué pasa porque en una de esas estamos totalmente equivocados y realmente la gente más pobre dejó de ser pobre de golpe.

En la Cáritas damos una pequeña ayuda una vez por mes o cada quince días, un bolsón con comida es apenas un granito de arena. En esta y en otras Cáritas Parroquiales hay una persona que recibe a la gente, atiende, charla un rato, pregunta cómo les va. Por ahí a la persona que está en una situación de carencia le da más que nada la sensación de que tiene un palenque donde rascarse, una sensación de que por lo menos hay alguien que está enterado de qué le pasa, de que no está aislado, solo, tiene dónde charlar un poco, dónde recurrir si tuviera algún problema más grave.

-¿En el marco del aniversario qué mensaje darías a quienes integramos Cáritas Arquidiocesana y a quienes se vinculan como voluntarixs o colaboradorxs?

El mismo mensaje cristiano de siempre, que no hay que bajar los brazos, que hay que mantener la esperanza, es parte del mismo proyecto de Dios. Para los que somos creyentes el motorcito más hondo es ese, es Dios que está también atrás de aquella expresión que Lucas le atribuye a la Virgen cuando dice «el Señor hizo en mí grandes cosas, miró mi pequeñez, la impotencia»… Porque uno frente a la impotencia va a decir para qué, ya está, no se puede hacer nada, no hagamos nada.

«María canta mi alma, canta la grandeza del Señor porque miró mi pequeñez y en esa pequeñez pudo hacer grandes cosas». Creo que hay que mantener esa esperanza, esa expectativa de que en eso pequeño de todos los días se pueden hacer grandes cosas, que es una cuestión de fe naturalmente, no hay ningún argumento, ninguna razón para decir esto se puede. Es un trabajo muy grande, muy esforzado y contra una realidad muy exigente y muy expandida.

El avance de la derecha en todo el mundo en este momento llega al extremo de que en Alemania la tercera fuerza política son los nazis, por decir una especie de paradigma sobre dónde anda el mundo. Porque que la tercera fuerza política fuera el nazismo en Filipinas decís «los tipos no saben nada de lo que fue el nazismo». Pero, ¿en Alemania? Y son la tercera fuerza política. Estamos locos.

En ese mundo así, decís ¿qué mensaje? Hay que mantener la esperanza, nos manejamos desde la fe porque si vas a mirar los éxitos humanos te dan ganas de prender fuego todo.

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