¡Felíz Navidad!

Desde los orígenes, la humanidad trató de comprender cuál es su lugar en este mundo y en estas circunstancias. Buscamos, a lo largo de la historia, muchas respuestas a las preguntas primordiales. La religión es nuestro camino en la búsqueda constante de sentido, de algo que nos “salve” de lo que suele aparecer como nefasto y sin esperanza.
Los reyes de antaño se presentaban como miembros de dinastías divinas para sostenerse en el poder y ejercer su dominio sobre sus pueblos y sus enemigos. Se decían hijos de dioses, de allí la asociación de realeza con divinidad. La única forma de resolver los problemas humanos cotidianos y sociales estaba en manos del rey.
El pueblo de Dios no fue ajeno a tales circunstancias y la experiencia del rey David (900 ac) generaba esperanzas de un monarca justo que pudiese encarnar y resolver las necesidades del pueblo. Sin embargo, la experiencia fue muy breve y corrupta.
Así nació la profecía de un Hijo de David (descendiente) que iba a encarnar el proyecto de Dios para los hombres en su forma de gobierno, atendiendo el llamado profético con el cual habían hecho una Alianza en el Sinaí (los 10 mandamientos): la fraternidad y la justicia.
Pasaron los años y el Mesías, el hijo ungido por el rey para ser el heredero del trono, no nacía.
¿El reino de Dios era un lugar o una condición de vida?
¿Dios sigue reinando entre nosotras y nosotros o ha perdido todo poder en este mundo?
¿Hay algún tipo de esperanza para quienes esperamos ver la justicia en el pobre, el extranjero, la viuda, el huérfano, aquellos que no tienen ningún amparo?
La experiencia con Jesús de Nazaret reavivó esta esperanza y motivó a quienes lo conocieron a manifestar que este hombre era el Mesías esperado, era el verdadero Hijo de Dios, (rey) que podía hacer posible una realidad más justa y fraterna para todos y todas.
Esta experiencia social, política, económica y religiosa se sintetizó en la persona de Jesús de Nazaret, es él a quien esperamos para ser “salvados” de aquello que nos condena.
La Navidad es una celebración profundamente esperanzadora pues Dios quiere cambiar nuestra realidad. Y sabemos que ya ha comenzado.
Toca ahora a nosotras y nosotros asumir la misión y la búsqueda colectiva del camino que nos permita realizar el deseo de tierra, techo y trabajo para nuestro pueblo.

¡Feliz Navidad!

Cáritas Arquidiócesis de Bahía Blanca
Diciembre 2018

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