Miramar: 15 años de confianza

El Fondo Rotativo de Mejoramiento Habitacional del Barrio Miramar festejó sus primeros 15 años de vida con un encuentro entre vecinas que accedieron al crédito, promotoras e integrantes de los equipos técnicos de Cáritas Arquidiocesana.

Es uno de los más antiguos entre los proyectos que desarrolla el área de Vivienda de nuestra institución. Hoy tiene presencia en ocho sectores de la ciudad y en dos décadas acompañó a 800 familias.

Wilma Laurie fue la primera en acceder a un microcrédito en Miramar. En 2003 llegó de Tres Arroyos con sus dos hijos escapando de la violencia familiar y encontró cobijo en el refugio de mujeres. Allí conoció a la Hermana Piedad y se enteró del programa de mejoramiento habitacional de Cáritas.

«Me asesoré, fui a la primera reunión y no me daban el crédito porque no era bahiense. Con el aval de la Hermana Piedad les conté que me iba a quedar en Bahía Blanca, que no podía volver porque estaba amenazada de muerte y me aceptaron», dijo.

Agregó que empezó «con un pequeño crédito como para levantar una pieza de cuatro por cuatro, solamente eran ladrillos uno sobre otro, sin ventanas ni puerta, pero algo era algo. Gracias a Dios me fue bien, cumplí con los requisitos y hasta hace poco seguí con créditos».

Trabajando de día como empleada doméstica y de noche cuidando enfermos fue pagando las cuotas y avanzando en mejoras de la «piecita» que «de a poquito se transformó en casita». «Me ayudó mucho la Divina Providencia porque alguien me dio una ventana usada que después pude cambiar y esas cosas se fueron dando positivamente, pude darles lo que necesitaban a mis hijos para comer y educarse. Fue duro pero la pude luchar».

Silvia Chaura y su esposo se anotaron cuando supieron que los requisitos para acceder eran más sencillos que los de un corralón. «Nos hacía falta el techo, así que empezamos con eso. Se planteaba que teníamos que seguir nosotros al equipo, venir a las reuniones y participar de otras actividades. Era por puntaje, la gente que tenía más necesidad iba a estar primero en el listado».

«Teníamos que esperar el recupero de la plata para ingresar. Yo tenía el cincuenta y algo, esto arrancó en marzo y entré en noviembre de ese mismo año. Me gustaba venir, ayudar, después me gustaba cebar mate, buscábamos distintos temas para conversar con el grupo de los créditos. Hacíamos tallarinadas o vendíamos empanadas para comprar las garrafas y para que la gente que había solicitado membranas pudiera colocarlas en los techos. Todos los sábados teníamos un tema nuevo».

«Yo pude tener el techo gracias a esto. Por ahí te dicen que es poquito y se tiran abajo, pero si juntás el primero con el segundo… Les hacemos ver que se puede, esto es un empujón», contó Silvia en su rol de promotora.

Con el apoyo del equipo de Vivienda de Cáritas, las vecinas y los vecinos de Miramar gestionaron además la instalación del agua, el tendido eléctrico y recientemente la extensión de la red de gas.

«Desde que está Cáritas acá es como si fuera una bendición para mí, me ha ayudado con mis chicos, con mi casa, primero saqué el techo, ladrillos y después vino la red de gas, fuimos terminando de revocar, después esta pieza», comentó Rosa Millañanco.

Llegó a Miramar el 3 de octubre del ’83 cuando las calles eran huellas, las casas de bloques pegados tenían medio techo y el sector era un pastizal con pozos y montañas de tierra.

«Estábamos alquilando con mi marido, tenía mis dos hijos, siempre estábamos ayudando a terminar una pieza y ahí nos daban a vivir un tiempito y pagábamos. Después cuando la gente precisaba su pieza nos la pedían», recordó.

Una amiga le recomendó alquilar una pieza con la posibilidad de comprarla más adelante y así comenzó las obras que permitieron construir la vivienda que hoy sirve de punto de encuentro para hijos y nietos.

En la memoria de Rosa perduran los tiempos en que «traíamos agua desde una canilla pública y empezábamos a pelear con los vecinos. Fue la época en que era un grupo vecinal que le puso el hombro y hacíamos de todo, reuniones, festejos del día del niño y comidas».

Paola Trecanao con sus primeros créditos compró chapas y machimbre para reparar los techos de su pieza, la cocina y el comedor que «tenían goteras por todos lados». Le prepusieron ser promotora del Fondo Rotativo y «en principio no quería, después lo pensé y me animé».

«Ahora cobro, salgo a las casas con integrantes del equipo de Vivienda», dijo una tarde de fines de noviembre en el salón de la Capilla San Juan Bautista.

A su lado, Silvia detalló que las demandas pasan por caños para la red de gas, techos y grifería o materiales para baños. Recordó que antes dependían de algunos compañeros, pero hoy «nos hemos puesto a conocer materiales, a ver dónde se pueden comprar, dónde hay mejores presupuestos y hasta empezamos a hablar de perfiles!».

Vos podés colaborar con este programa de mejoramiento habitacional de Cáritas! Doná tu vuelto en el Redondeo Solidario en las sucursales de la Cooperativa Obrera hasta el 6 de enero.

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