Runtu Thani inauguró su planta de alimento balanceado

Runtu Thani, en quechua. Huevos sanos, en español. Quince familias con aproximadamente medio centenar de gallinas cada una. 300 docenas de huevos de producción mensual comercializadas mediante la Bolsa de las Producciones de la Agricultura Familiar, el Mercado del Puerto y un puñado de dietéticas y particulares.

El grupo es acompañado técnicamente por INTA ProHuerta y el área de Economía Solidaria de Cáritas Arquidiócesis de Bahía Blanca. Acaba de incorporar una planta de alimento balanceado con financiamiento del Banco de Herramientas y Materiales para la Emergencia Social del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

La maquinaria les permitirá estabilizar costos, ampliar y diversificar la elaboración de alimentos para otras producciones.

Runtu Thani trabaja en gallineros que aseguran el bienestar animal, brindando acceso a sectores al aire libre donde las gallinas pueden caminar y balancear su dieta (basada en cereales) a través del consumo de insectos y vegetales. Estas condiciones de crianza permiten prescindir del uso de medicamentos.

La ingeniera agrónoma del INTA, Celina Diotto, comentó que el alimento balanceado «es casi la mitad del costo de la docena de huevos, en el último año aumentó casi al doble y se complica mucho conseguir el dinero para que les sea rentable». El precio es diferenciado porque son huevos de campo, saludables. Las y los consumidores aprendieron a valorarlos, los buscan y compran.

Tres integrantes del grupo ya pusieron la planta en funcionamiento. «El proyecto incluyó bolsas y la máquina cosedora para poder producir, envasar al instante y dejar acopiado para la distribución. Para los operadores hay overoles, zapatos de seguridad, protección para oídos, barbijos y botiquín».

La mayor parte del alimento se fabrica con maíz y expeller de soja, molidos junto a un núcleo vitamínico con minerales y conchilla. Se produce una vez por mes lo necesario para todo el grupo y se proyecta la venta a otros productores.

 

Celina afirmó que comenzaron por el alimento balanceado para ponedoras porque el plantel de gallinas entregado por el programa ProHuerta está en esa etapa. “Cuando comience la cría de un nuevo plantel, se elaborará alimento iniciador para las gallinitas de un día de vida y luego alimento de recría para la etapa comprendida entre los 2 meses y la postura que se inicia a los cinco o seis meses de nacidas”.

Utilizan recetas de productores de Chaco y profesionales de INTA. «Hay que ir probando la granulometría o tamaño de molienda y acostumbrar de a poco a las gallinas al nuevo alimento, porque si no cortan la postura», explicó.

Norma Vázquez, una de las fundadoras del grupo, contó que en sus orígenes eran familias que recibían pollitos de parte del INTA. «Arranqué con diez en 2012. Trabajaba en un geriátrico y antes hacía quintas. Después conocimos a Celina y seguimos hasta ahora. Se sumó más gente y le pusimos Runtu Thani».

Recordó que de a poco fueron armando sus gallineros, incorporaron tejidos y alambres y, más adelante, chapas y maderas «para que esté más lindo y podamos tener bien a las gallinas».

«Hoy tengo 35, están poniendo todas, de las viejitas me quedan cinco. Las voy a tener en el corral hasta que terminen de poner, supuestamente es por tres años, después ya van poniendo poco», explicó.

En cuanto al alimento, Norma comentó que compran para uno o dos meses pero «cada vez sube más el precio». Sus gallinas comen unas cinco bolsas mensuales. «Voy comprando ocho, seis, y de paso les voy dando verduras y otras cosas», dice y espera mejorar el abastecimiento con la planta propia.

Hace dos años, en el marco de la línea de Pasantías de la Red Nacional de EcoSol de Cáritas Argentina, cuatro integrantes de Runtu Thani y dos técnicas viajaron al paraje Corralito, cercano a Bariloche, para conocer el emprendimiento “Quimey Curram”. Se trata de un proyecto de la Cooperativa Agrícola Ganadera Pichi Cullín Limitada, conformada por casi una quincena de familias de la región.

Norma relató con alegría que «esa experiencia fue re linda, fuimos a los criaderos, es muy distinto a lo que hacemos, tienen una cooperativa, juntan los huevos en un solo lugar y los llevan a Bariloche o a los pueblos más cercanos donde hay un vendedor que se encarga. Había un grupo de señoras que armaron un galpón donde tenían la maquinaria, vimos cómo lo preparaban».

«Acá sería lindo juntarnos todos pero es difícil, es una posibilidad, ¿cómo que no? Si nos ponemos de acuerdo. Hoy nos ayuda mucho la bolsa (de las Producciones de la Agricultura Familiar), Cáritas, el INTA», dijo y proyectó: «Supongo que nos iría bien, hasta ahora andamos bien».

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