San Romero

El papa Francisco firmó el decreto del milagro por intercesión del arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero, quien fuera asesinado por los escuadrones de la muerte en 1980.

Romero podría ser canonizado en el Vaticano junto con el papa Pablo VI a finales del próximo octubre en Roma, al final del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, convocado del 3 al 28 de octubre. También es posible una canonización en El Salvador o en Panamá en enero de 2019, donde el sumo pontífice tiene previsto viajar para la Jornada Mundial de la Juventud.

Óscar Arnulfo Romero se caracterizó por impulsar la lucha en defensa de los derechos humanos en San Salvador y constantemente reivindicaba a los campesinos desplazados.

El sacerdote condenó, en reiteradas oportunidades, la represión que ejercía el Ejército salvadoreño durante la guerra civil, una intensa lucha que lo llevaría a ser asesinado en 1980.

Romero había sido beatificado el 15 de mayo de 2015. Cinco meses después, un grupo de obispos salvadoreños encabezó una peregrinación a Roma para agradecer a Francisco quien reflexionó sobre el testimonio martirial de Romero para la Iglesia salvadoreña y universal.

A woman, (C), and children passes in front of a mural of the late Salvadoran Archbishop Oscar Arnulfo Romero in Panchimalco on the outskirts of San Salvador, May 21, 2015. Salvadoran Archbishop Romero, who was murdered by a right-wing death squad in 1980 and is an icon of the Roman Catholic Church in Latin America, had died as a martyr and will be beatified on May 23, the Vatican said.
REUTERS/Jorge Dan Lopez

“El martirio de monseñor Romero no fue puntual en el momento de su muerte, fue un martirio, testimonio de sufrimiento anterior: persecución […] hasta su muerte. Pero también posterior, porque una vez muerto […] fue difamado, calumniado, ensuciado. Su martirió se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado”, afirmó el papa.

En aquella oportunidad Francisco citó a Romero: “Dar la vida no significa sólo ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco”.

Con el aumento de la represión y la muerte en su diócesis, monseñor Romero se remitía a las causas históricas al hablar de martirio: “No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado a aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa […] La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres”.

“Estoy seguro que tanta sangre derramada y tanto dolor causado a los familiares de tantas víctimas no será en vano. Es sangre y dolor que regará y fecundará nuevas y cada vez más numerosas semillas de salvadoreños que tomarán conciencia de la responsabilidad que tienen de construir una sociedad más justa y humana, y que fructificará en la realización de las reformas estructurales audaces, urgentes y radicales que necesita nuestra patria”.

“El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad”, afirmaba el futuro santo.

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