Tierra de mártires, tierra de pueblo y celebración

(Por Marina Huentenao y Joaquín Uhrich*) Sin pensarlo como posibilidad, para quienes viajamos y por diversos factores, La Rioja estaba muy lejos. Pero no la memoria viva de Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao, dado que desde 2017 venimos compartiendo la vida y la obra de los mártires como resultado del encuentro de varias pastorales que, a propuesta de Cáritas Bahía Blanca, nos enredamos en el compromiso y la alegría de ir redescubriendo el sentido profundo de la iglesia martirial. Con la Providencia siempre muy cerca desarrollamos varias actividades.

El 26 de marzo recibimos el correo contándonos la buena noticia que durante los días 24 y 25 de abril nuestra reunión de la Red de Economía Social y Solidaria se desarrollaría en La Rioja. El objetivo de la reunión planificada en 2018 era abordar la identidad y espiritualidad de nuestro espacio de trabajo en el marco de los múltiples proyectos que acompañamos en todo el país.

Con la compañía del Centro Nueva Tierra, que en el transcurso de la preparación de la jornada incorporó la comunicación en el centro del encuentro, pudimos promover espacios profundos de análisis y debates internos y externos para seguir construyendo y visibilizando nuestra red trabajo.

Un gran impacto fue enterarnos que el lugar de la Diocesana de La Rioja dónde se desarrolló el encuentro fue la misma casa donde el Obispo Angelelli vivió y donde también funcionó la sede de la cooperativa de trabajo que acompañaban las hermanas de la Congregación del Divino Maestro, durante los años 71 y 75. Desde esa mística al sabernos en esa tierra, en esas paredes que fueron construidas por manos hacedoras de la Iglesia Pueblo que hoy celebramos, comenzamos las jornadas sabiendo que nos esperaba una semana llena de vivencias fuertes.

El miércoles llegamos y, luego de compartir el almuerzo y una presentación personal de quienes viajamos, comenzamos la primera parte del taller analizando nuestra red desde cuatro ejes: Identidad-Práctica/Comunicación-Espiritualidad; analizamos lo positivo y negativo de cada eje dividiéndonos en cuatro grupos. Este espacio nos permitió intercambiar pareceres y nos desafió a pensar y repensarnos como red interna y externa.

Posteriormente participamos de las actividades que se desarrollaron en las carpas ubicadas en la Plaza 25 de Mayo como preparación para la Beatificación del sábado. Allí, los y las peregrinas, pudimos escuchar paneles de diferentes temáticas: El Pueblo Riojano y el rescate de su cultura y religiosidad en la Pastoral de Monseñor Angelelli; La experiencia pastoral de las Comunidades Eclesiales y de la Coordinadora Interbarrial en los tiempos de Monseñor Angelelli; Mártires, semillas fecundas en tierra fértil en el campo del compromiso y la lucha social; Siguiendo los Pasos del Pastor de Tierra Adentro. Encuentro con Mujeres en el marco de la beatificación de Mons. Angelelli y Compañeros; Tierra y Movimiento Campesino. Ayer y hoy, acompañan Familiares del Mártir Wenceslao Pedernera; Diálogos, tensiones y conflictos cristianos-marxistas en América Latina 60-70 y hoy; Presentación del Libro: Nunca más Solos, Sanar la Lesa Humanidad, de Diego Facundo Sánchez; Angelelli y Francisco: Pueblo, Política y potencia del Evangelio. Ayer y hoy, entre otros.

Cada participación y sus resonancias eran compartidas en diferentes momentos del día. Todos los lugares visitados tenían el espíritu de los mártires acompañándonos, las calles, los bares, los taxis, siempre alguna persona nos contaba alguna vivencia con el “Pelado”, propia o de sus padres o abuelos. Se respiraba la necesidad de las personas por hablar y los y las peregrinas por escuchar…

Una gran y enorme bendición del encuentro fue el diálogo con las hijas de Wenceslao, Susana y María Rosa quienes nos compartieron vivencias de “su papi”, del trabajador rural, delegado de sus compañeros, elegido por su locuacidad y temperamento. Nos hablaron de su papi que no quería verlas pelear y, aún enojadas, las hacía que se den un abrazo y un beso. Nos hablaron de su papi que estaba siempre dispuesto a llevar a quien necesitará al hospital sin contemplar los gastos de combustible o cansancio. Nos hablaron de su papi que no quería casarse por la Iglesia Católica porque no creía en los curas. Nos hablaron de su papi que las esperaba a la salida de la escuela. Nos hablaron de un hombre simple, sencillo y de gran fe. Nos hablaron de su conversión y su enamoramiento por la pastoral promovida por Angelelli. Lo más hermoso fue poder reírnos y sentir que pudimos abrazarlas colectivamente por la vida tan difícil que tuvieron que transitar desde niñas y, por un ratito, aliviar un poco sus dolores. Una mística muy particular se generó y nos atrevimos a pedirles el permiso para que Wence y Coca sean los guías de nuestra red, que sea la familia un poco reflejo de nuestro andar de la Red. Ellas, contentas, aceptaron y sellamos ese pedido con abrazo caracol (en el centro las abrazadas y alrededor el resto de las personas protegiendo, curando, acariciando y guardando un momento que se atesora en quienes participan).

Después de una pausa necesaria para procesar el momento compartido con las hijas de Wenceslao, continuamos con la jornada de taller y recibimos también la visita del Obispo Dante Braida, quien quiso pasar a saludarnos y agradecer el trabajo realizado esos días y el cotidiano en cada uno de nuestros lugares.

El sábado, con gran entusiasmo, emprendimos camino junto a peregrinos y peregrinas de todo el país con la enorme emoción de sentir en el corazón que llegaba la justicia largamente esperada, un poco de reparación histórica para las familias de los mártires y la iglesia pueblo que sigue siendo anuncio y denuncia en tiempos de desierto. Miles de personas envueltas en un espíritu fraterno, difícil de describir, compartimos la ceremonia de canonización de los mártires, cantamos, nos abrazamos, reímos y lloramos como quien celebra con profunda alegría un acto de justicia.

Los aplausos y la alegría trascendieron los cerros que nos rodeaban con un sol presente y un cielo sin nubes como habiéndose despejado toda tiniebla. “Vivan los mártires”, se escuchaba de lejos cada tanto. Una respuesta colectiva hacía que esa voz reciba la contundente respuesta de un Pueblo que grita “¡VIVA!” hace más de 40 años… “¡Qué vivan los cuatro mártires Enrique y sus compañeros Carlos, Gabriel, Wenceslao en la tierra y en el cielo!”, reza una estrofa del himno que cantamos infinidad de veces.

Finalizada la ceremonia y con el alma en un hilo, emprendimos viaje a Sañogasta para conocer la tierra donde se sembró Wenceslao y participar de  la misa y cierre del  encuentro de movimientos populares que, a la luz de la vida del beato, compartieron un espacio de reflexión e intercambio de la realidad y la memoria que han ido construyendo en estos años de camino.

La tarde cayó y con ella un frío intenso que no opacó la alegría de conocer la casa y calles por las que anduvo anunciando y siendo buena nueva Wenceslao. Nos volvimos a abrazar con Coca, María Rosa, Susana y Estela. La misa fue celebrada por el Obispo Marcelo Colombo, una de las personas clave para el momento histórico que vivimos.

Ese día compartimos un momento con la Cáritas del lugar y con la comunidad toda, la cual nos esperó con el pueblo adornado de banderines y presentes realizados con cascaras de nueces, producción típica de la zona. Nuevamente partimos a la casa diocesana de Cáritas en La Rioja donde compartimos resonancias del día intenso y nos fuimos a descansar para partir temprano a Punta de los Llanos.

El domingo, temprano, preparamos el mate, nos abrigamos y nos dispusimos a ir a la tierra del martirio de Angelelli. El viaje se hizo corto en medio de un día nublado y algo ventoso. Llegamos temprano y fuimos de los primeros grupos que llegaron. Nos esperaban con pan casero y mate cocido, un animador acompañó con alocuciones hasta el comienzo de la misa. Visitamos la gruta y contemplamos la ruta, ese camino intentando imaginarlo más de 40 años atrás…

La misa fue como un llegar a un lugar muy anhelado y el comienzo de algo profundamente potente, una sensación muy similar a la vivida en la casa de Wenceslao. Una paz y una alegría conmovedora. Miradas cargadas de agua y gotas de alegría que brotaban de las personas en un cruce de miradas o simplemente rezando por miles de causas que cada peregrino y peregrina llevó a la tierra fecunda de vida que la sangre de Enrique regó para haya un poco más de vida abundante para todos y todas.

Compartimos la misa con el espíritu de Enrique y la resonancia de sus palabras. Con un oído en el Pueblo, nos acordamos de tanta gente, de tanta entrega, de compañeros y compañeras de camino. Nos abrazamos como abrazando a  miles en cada uno y cada una que se nos acercaba en el momento de la paz.

Nos quedan en la memoria los días de tanta gracia compartida. Volvimos a nuestra tierra con alegría de haber sanado un poco. Volvimos con muchas cosas guardadas en el corazón que esperan salir al encuentro de otros y otras. Volvimos con la alegría de que la Red de trabajo que integramos se fortalece en una espiritualidad encarnada, en una esperanza transformadora para resignificar las luchas y los caminos del Pueblo.

Nos quedan dando vueltas en la cabeza las palabras del pastor poeta, quien tuvo la ternura de mujer para acaricia a su Pueblo y de proclamar a viva voz.

Y… mientras se encienden las estrellas…

allá, lejos, sigue floreciendo el amor.

( La oración de mi sacerdocio – Mayo de 1971)

*Integrantes del área de Economía Solidaria de Cáritas Arquidiócesis de Bahía Blanca y de la Red Nacional de Economía Social y Solidaria de Cáritas Argentina.

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