Un trienio tejiendo juntxs

Andar en medio del pueblo siempre es el desafió al que nos invita Jesús. Nos gusta pensar que Jesús pasaba la mayor cantidad de tiempo en las calles, junto al pueblo, ahí dónde muchxs andaban y dónde la vida reclamaba, fue llano y provocante, se amoldó a los signos de esos tiempos para que la gente humilde lo entienda y los poderosos también. Habló con ejemplos sencillos, habló de ovejas, habló de pesca, habló de redes…

A veces, en medio de nuestra cotidianidad convertimos a Jesús en algo tan distante e intocable que de a poco ese sentido de su ejemplo más profundo, lo pequeño, se nos olvida. A veces nos gana la comodidad de una vida sin búsqueda de la justicia y de la paz. Él, el hijo de una ama de casa y un carpintero proclamó que otro mundo es posible, se sentó a la mesa del publicano y del leproso y comió junto a ellxs; fue más allá, no cumplió la ley del ayuno, ni la del sábado, se dejó tocar por prostitutas e impurxs… hizo líos.

En este trienio que finaliza intentamos, a veces muy conscientes y otras no tanto, seguir a ese Jesús que anduvo en medio de la vida simple y cotidiana, de quien le abrió la puerta, compartió camino y se animó a romper con lo establecido,  se animó a hacer ser “una Iglesia en salida”.

Sin dudas no ha sido suficiente lo sembrado, lo regado que otrxs sembraron y preparar la tierra de la siembra que está por venir. Fuimos aportando un poco; nos dejamos guiar por tramos por el corazón que nos conmovió pero también nos impulsó a actuar, a mirarnos, a cruzar miradas con otrxs a entrelazar manos con jóvenes, mujeres, niñxs, hombres, ancianxs e intentar mejorar un poco el momento histórico que nos toca transitar en esta Arquidiócesis.

Agradecemos todo lo aprendido en estos años. Con los múltiples procesos que acompañamos hemos crecido todxs, hemos entretejido y somos parte de tanta redes… Por eso cuando comenzamos a pensar en cómo contar estos tres años nos surgió la imagen del tejido, de hilos de diferentes colores y texturas, de herramientas necesarias para entramarlas, de hilos tensos o flojos, por momentos, para que el producto final tenga una armonía y una belleza única.

Y en esa imagen resumimos lo andado, las vueltas, las tensiones, los hermosos colores, los grosores de las lanas… cuando tejemos elegimos las agujas, los tonos de las lanas, la prenda que queremos hacer, a veces en el camino tenemos que aprender puntos nuevos para darle más belleza a lo que queremos, a veces nos equivocamos y tenemos que desarmar tejido, “perder tiempo”, para volver a intentar retomar la trama querida, a veces se nos escapa un punto y queda un agujerito pero eso nos recuerda que para volver a intentar un tejido nuevo hay que estar más atentxs así no queda ningún punto sin entrelazar. Eso es difícil, porque nunca podemos tejer todo en poco tiempo, lo hacemos en diferentes días y en diferentes horas, a veces más entusiasmadxs y otras no tanto, solo porque hay que terminar. Así intentamos andar en este trienio, buscamos ser buenxs tejedorxs juntxs.

En este 2017 vemos que la vida de muchas personas se viene complicando, la desigualdad y pobreza nos muerden los talones, por eso pedimos al Dios de Vida que se quede con nosotrxs en las noches y días que nos toquen afrontar, pedimos a María que como mamá que busca siempre la sonrisa de sus hijxs esté ahí para recordarnos que celebrar la Vida es parte también del camino. Les pedimos a todxs lxs amigxs y compañerxs que durante este último trienio estuvieron ahí, que sigan para que juntxs, con nuestras diversidades, sigamos con la tarea urgente de tejer como Pueblo las redes de la justicia que nos vayan sosteniendo, hilvanado la utopía con los hilos de su sueño.

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