“Una comunidad que no participa de los bienes de la creación está excomulgada”

Monseñor Néstor H. Navarro, obispo emérito del Alto Valle del Río Negro y ex administrador apostólico de Bahía Blanca, encabezó la fundación de Cáritas Arquidiocesana que cumplió este mes sus primeros 48 años de vida. En la última entrega de las entrevistas por nuestro aniversario repasa los primeros seis años de la institución y advierte que “la caridad debe abrir camino a la justicia”.

“La Iglesia es comunión, incorpora. Lo que no está en la comunión humana está fuera, está ex-comulgado. (…) Una comunidad que no participa de los bienes de la creación está ex-comulgada, pero no religiosamente. El tipo tiene que pedir ayuda a una buena persona que por ahí tiene para comer, sí, pero no es eso solo, la comida no es el hombre que se alimenta y sigue después en la miseria sino el que se alimenta en su casa, con su familia, reponiendo las fuerzas que gastó en el trabajo”.

-¿Cómo fueron los inicios de Cáritas Arquidiocesana?

El comienzo de Cáritas fue a pedido de monseñor (Germiniano) Esorto quien en ese momento era arzobispo. Yo estaba recién ordenado, era diciembre del ‘68, uno de los encargos que me dio era que recuperara Caritas porque había sido disuelta en 1967, no sé por qué motivo, yo estaba en el Seminario, en La Plata.

Lo primero que hice fue aprovechar una figura muy importante que había en el país que era monseñor (Gerardo) Farrel, que es un hombre que se dedicó a la actividad social con mucha competencia, con mucha sabiduría. Estaba en Mar del Plata, lo llamé, me contacté con él  a ver si podía venir a Bahía Blanca a darnos una charla sobre Cáritas. Vino, me acuerdo que fue el 27 de marzo del ‘69 cuando nos dio la charla aquí precisamente, en el Obispado.

Junté a alguna gente que podía juntar y otras fueron invitando, así que la charla fue un momento importante porque nos puso en sintonía con lo que presumíamos era Cáritas pero que por ahí al no saber no acertábamos en poner los cimientos que él nos ayudó a poner.

Nos fuimos reuniendo -porque no teníamos sede, no teníamos nada- en el Colegio La Inmaculada con una hermana que se llama Nelly Cruz. Fuimos viendo cómo hacíamos, cómo no hacíamos. Le pedí a monseñor Esorto que me permitiera tener un lugarcito en la Casa del Catequista, que era Rodríguez 78, ahora quedó todo para Cáritas pero en ese momento era el lugar de catequesis y donde se hacían las charlas prematrimoniales.

Así que fuimos con una cajita de remedios que era lo único que teníamos, ocupamos un lugarcito, y Cáritas fue creciendo porque no había Cáritas en Bahía Blanca. Esto aparecía realmente como una solución, si podemos llamarla así. Funcionábamos como Cáritas Arquidiocesana pero el funcionamiento era el propio de una Cáritas parroquial.

Comenzamos con lo que llamamos la ayuda inmediata pero ya estábamos más imbuidos de la idiosincrasia de Cáritas y tratábamos que no fuera asistencialismo. Así que nuestra primera preocupación fue conseguir lo que en aquel momento se llamaban visitadoras sociales, ahora trabajadoras sociales.

Hicimos una especie de acuerdo con la escuela y el último año hacían la práctica en Cáritas. De esa gente que hacía la práctica algunas se quedaron ya fijas, como voluntarias porque no teníamos nada para darles, solo el trabajo que ellas hacían con mucha competencia porque nos permitía visitar a los hermanos que pedían ayuda para ver si la ayuda era esa o era algo mucho más importante. Fuimos así creciendo en eso.

Y después tratamos de poner las bases de las Cáritas parroquiales porque lugar donde íbamos nos ofrecíamos a ir a dar charlas y colocábamos algo que parecía novedoso para la época pero que ahora es obvio, ¿no? Era necesario decirlo porque la ayuda que se daba aparecía como un grupo de personas, generalmente eran mujeres, que por su sensibilidad ayudaban a gente pobre, les daban elementos o vestimenta, que era lo que más se requería en aquellos tiempos para lo que nosotros podíamos dar.

Nos preocupábamos por decir una palabra que sonaba medio extraña, que Cáritas era un ministerio de la Iglesia, no era un grupito que hacía… toda la Iglesia era caritativa a través de algunas personas que representaban a la comunidad. A todos les decíamos lo mismo, nos miraban, encendíamos la radio y salía lo mismo. La Iglesia tiene tres ministerios, los clásicos, los fundantes, mejor dicho: catequesis, donde se proclamaba el carisma, decíamos, la proclamación de Jesús como salvador; después la liturgia, la celebración de Jesús salvador, todos los sacramentos, especialmente la Eucaristía; y la tercera patita de todo esto que era Cáritas. Así como no podía faltar la catequesis o la celebración litúrgica, lo mismo no hay comunidad cristiana entera, la que se constituye en comunidad, sin Cáritas.

Después nos encontramos con que había una Cáritas bastante desarrollada en Coronel Suárez. Ahí estaba el padre Montero, que para la época fue toda una novedad porque no solo hacía la asistencia sino que estaban trabajando en un barrio construyendo casas y eso realmente era una cosa de mucha promoción.

Otra cosa de la que nos preocupábamos también a los inicios es en los jóvenes. Nuestra Cáritas siempre sorprendía a otras porque estaba llena de jóvenes. Algunos que venían por interés, se encontraban con otros jóvenes que los invitaron y después grupos de La Inmaculada, María Auxiliadora, Don Bosco. Los de quinto año sobre todo venían a ayudar y ahí se establecían en la ayuda y algunos en buscar recursos que siempre queríamos buscarlos por medio del trabajo.

Nos conectábamos con gente del Juan XXIII sobre todo y hacíamos los apuntes que ellos pedían con el mimeógrafo, teníamos gente que sabía picar los esténciles y hacían con mucha velocidad los apuntes, y con eso teníamos un pequeño ingreso. Y después organizábamos la asistencia, poquito a poquito.

-¿Cómo era la ciudad entonces? ¿En qué contexto planteaban esa asistencia y promoción?

Teníamos un desafío. La ciudad ahora ha crecido pero igual era importante Bahía Blanca y pensábamos que era importante en algunos barrios que no había escuela, hacer una.

No teníamos con qué hacerla, por eso tomamos como lugar de trabajo el barrio Villa Nocito. Allí había una capilla hecha con los fondos de Adveniat y la capilla entonces, claro, el barrio era sumamente humilde y la gente estaba amenazada, como todo ese sector, por lo que se llamaba el Camino de Cintura.

Pensamos con la gente de Cáritas qué bueno sería si pudiéramos, sin olvidar la importancia que tiene la celebración litúrgica en sí misma, hacer de esa capilla una escuela. Para ello pedí permiso porque los fondos estaban destinados a una capilla. Se consiguió todo eso y la capilla se inauguró en marzo de 1970 y ahí quedó y todavía sigue. En ese momento estaba en calle Francia al 2100, ahora está en otro costadito.

Ahí trabajamos con el barrio, sobre todo que la gente también se reunía por el Camino de Cintura, fue una movida importante porque era un proyecto de 1938 y comenzaba a concretarse en ese 1970 justo. Fue una resistencia, si lo queremos llamar así, fue una búsqueda de diálogo (…) había distintas propuestas, decían “podemos hacer un desvío y dejar a la Iglesia sin que le pase el Camino de Cintura”. Y digo “no va a quedar nadie, no vamos a precisar Iglesia si sacan al barrio”. Se consiguió salvar eso.

Después venía ya la violencia bastante dura, a partir del año ‘70 comenzaron ciertos movimientos, a la Iglesia se la controlaba mucho para que lo que se dijera no afectara lo que se entendía a lo mejor por modo de vida normal. Hubo momentos fuertes de cierta persecución y después pasó lo de Chile y los refugiados, la atención de los refugiados se hizo en Cáritas, todo eso fue creando más problemas.

-¿Qué cree que era lo que molestaba?

Creo que ellos venían con lo que en aquel momento se llamaba la acción de los Curas del Tercer Mundo. Aquí no estaba, había sacerdotes preocupados por todo el tema social, había gente muy buena, muy capaz y toda contra la violencia.

Revista Graphos. Gentileza Virginia Dominella.

Nosotros la violencia la sentíamos en la pobreza que la gente tenía pero no era que “agarremos las armas y vayamos”, era una toma de conciencia y una lucha en el sentido de ir a discutir con los que tenían cierto poder sobre lo que pretendíamos. Que la gente… lo común, que a veces no es muy común: el trabajo de la gente, la escolarización, que no trabajen los menores, todo eso que todavía estamos trabajando.

Pero claro, el concepto de Cáritas era una especie de Cáritas asistencial y sin descuidar eso porque había gente que le faltaba ropa, comida y había que proveérselo, ¿qué discurso vamos a hacer si no comían? Pero la idea era que Cáritas de la asistencia pasara a la promoción, bueno, los pasos, a liberarse de todas estas esclavitudes y a fraternizarse, a crear una relación de hermanos entre todos para ayudarlos.

Había muchos hechos de violencia y todo eso después cayó y se acusaba como que ahí se pudiera, con esos criterios que se daban, organizarse movimientos violentos y no era así, no fue así. Fue que no había lugar para atender a los refugiados y qué, ¿íbamos a la plaza Rivadavia? ¿Qué hacíamos? Entonces se los atendía en Cáritas, se le trataba de dar la atención mejor.

Y también porque poco a poco fuimos creando otros espacios de atención como era, por ejemplo, el Servicio Jurídico. Teníamos nueve abogados, todos voluntarios, nadie cobraba nada, la única cuestión es que le decíamos que la primera atención se hiciera en Cáritas y después si quería lo seguía haciendo en Cáritas y si no en su estudio a las personas que tuvieran necesidades de atención jurídica más continuada.

Para nosotros fue una cosa muy importante porque no nos fijábamos en su fe, nos fijábamos en el deseo de ayudar a la gente que no tenía recursos o no sabía cómo hacerlo y se lo orientaba en esto. Cuando la asistente social descubría que alguien tenía algún tipo de duda o problema jurídico enseguida se lo conectaba.

Así fuimos de a poquito. Yo estuve hasta el ‘75. Se hizo hasta el ‘72 un comedor que se llamaba Comedor Popular “Pablo VI” que era el papa de entonces, que era para hermanitos muy pobres porque eran todos de la calle, la mayoría enfermos alcohólicos, así que ahí se le daba el almuerzo.

Era una cocinera a la cual se le pagaba y un grupo de voluntarias que los servían, todo gratis, no le poníamos ninguna otra exigencia que toda la semana fueran a buscar el billetito para poder comer para crear una relación con él, para poder conversar, para poder verle porque si no, no servía, queríamos que hubiera una especie de promoción humana, que nos conociéramos, que habláramos. Y después que se lavara las manos y que ahí no tomaran vino.

-¿En Rodríguez también hubo un comedor?

Pero era la FACE, era otra cosa. Era un comedor donde la gente empleada iba a comer por un precio módico. Era un servicio importante pero era anterior a Cáritas y no dependía de Cáritas. Ese siguió existiendo, convivíamos. Después el comedor fue languideciendo, no recuerdo si fue porque disminuyó el voluntariado o la institución en los miembros activos. La FACE tenía ahí comedor y en otras partes del país.

-¿Cómo era la asistencia a los exiliados chilenos de la dictadura de Pinochet?

La asistencia no la daba Cáritas, eso lo hacía la ACNUR, no recuerdo el nombre preciso pero era de la ACNUR. Aquí había asistente social encargada directamente y yo estaba destinado por la Iglesia para atender, pero la atención ya no era de Cáritas sino que prestaba el lugar para hacerlo.

Pero claro, la gente entraba y salía de Cáritas y parecía que estaba realmente… era toda gente que estaba buscando salir o establecerse al menos pero con cierta tranquilidad porque muchos venían solos y otros con su familia, con niños, adolescentes. Así que eso se trataba de hacer de la mejor manera posible y se hizo un buen trabajo desde los refugiados.

-Pensando en lo que decía de la violencia, ¿la historia del mimeógrafo también fue tergiversada o utilizada para la represión?

Sí, el mimeógrafo era un recurso que teníamos para conseguir algo, era poco, pero queríamos mostrar que Cáritas tenía que conseguir sus recursos, no tanto lograrlo a través de, por decirlo de una manera, un desfile de modas.

Pero algunos creían que ahí se hacían los panfletos contra el gobierno, qué se yo contra quién, y de eso nos acusaban. No eran falsas, eran súper falsas. No tenían nada que ver, además se hacían todas las actividades y la gente sabía, tanto la que vivía ahí adentro de FACE, había dos hermanas que cuidaba la casa que vivían allí, como cualquiera que entraba, era todo abierto.

Pero lo decían y esa chicana hacía que algunos por ahí creyeran que justamente era una especie de lugar donde se promovía todo el ejercicio de la violencia. Como decía, nuestra preocupación por la violencia era la social.

-Durante el homenaje al obispo Enrique Angelelli, en el marco del aniversario de Cáritas, en agosto se destacó a algunxs compañerxs de la institución que fueron víctimas del terrorismo de Estado, uno de ellos vinculado al mimeógrafo, ¿lxs recuerda?

Sí, el vinculado al mimeógrafo era Néstor Grill que desapareció en noviembre del ‘76, vivía en la calle Darregueira. Era tan veloz, era una máquina, había sido alumno mío en el Seminario, entonces le digo “¿no querés venir a trabajar?”, sí, un tipo excelente, además muy parco en el sentido de que muy bueno, muy comunicativo por lo que hacía pero no era un tipo que estaba para hablar sino para servir, sabía una barbaridad de todo eso. Y ese desapareció.

María Clara Ciocchini, Néstor Grill, Coca Pablo y Horcio Russin.

Desaparecieron otros también. Patricia Gastaldi que después reapareció, el marido (Horacio Russin) no, aunque no estaba en Cáritas, estaba en la Pequeña Obra pero siempre iba a buscar a su esposa. Después Diana Diez, desapareció y reapareció como a los tres o cuatro meses. Bueno, María Clara Ciocchini que trabajaba en la farmacia o en alimentos, lo que teníamos atrás, en el depósito, y que era también de la Pequeña Obra.

Coca Pablo fue de las primeras asistentes sociales, en el año… pasaron más de cuarenta años, pero supongamos ‘73, por poner una fecha, se fue a Villa Nocito a la escuela y después dejó la escuela en el ‘75 o ’76, desapareció y nunca más. Pero ya no estaba en Bahía Blanca, no sé si desapareció en Córdoba, me han dicho. Sí, gente de mucho trabajo en Cáritas.

-¿Qué mensaje daría a quienes hoy integramos Cáritas?

Cáritas ha crecido mucho en relación a aquella Cáritas que era muy embrionaria, estábamos saliendo del cascarón. Siempre Cáritas tiene que saber que es parte de la comunidad cristiana, que está en áreas de conflicto, de lucha, que es el problema social cuando los hermanos están postergados en sus derechos.

Más o menos como dice el final del capítulo 25 de Mateo cuando habla del Juicio Final. El Juicio Final Dios lo hace sin clarificar, no es para los católicos, va para aquellos que no asistieron al pobre, ¿no? Y pobres hay tres categorías, los va poniendo como en párrafos. Tuve hambre, tuve sed, aquello que el hombre tiene necesidad vitalmente, no solamente llevar agua donde no hay agua sino un poco gestionar en nombre de aquellas personas que no pueden hacerlo o ponerse en contacto con las comunidades que están en el barrio trabajando, a ver cómo se puede hacer para llevar el agua, pongo un ejemplo.

Después dice: estuve de paso, estaba desnudo. De paso es la gente que viene, se meten en los barrios porque no tienen otro lugar y a veces al que van es un lugar que tienen muchas deficiencias para establecerse, cada uno subsiste como puede. Y ese estar de paso, que a nivel grande son los refugiados, los migrantes, para nosotros son los hermanos que vienen a lo mejor en busca de trabajo y van a un lugar, a ver cómo podemos organizarlo, cómo podemos mejorarlo, a ver qué es lo que se puede hacer.

Y la desnudez que produce la indigencia, cualquiera sea, nosotros la tomamos por ropa pero no es ropa, ese indigente al que le falta la salud, el que no tiene trabajo, ese está desnudo. Y las últimas dos es atender no tanto esperando sino a la gente que no puede venir como los enfermos, los presos, en ese aspecto Jesús la tenía clara.

Pienso que como Cáritas es una institución de la Iglesia, eso que dice el mismo texto -siempre hay que dejar que el texto diga lo que dice- el rey se sentó en el trono, estaba hablando de un tipo muy poderoso, el rey. Pero resulta que el que está sufriendo el hambre, la falta de agua, no tiene alojamiento, está desnudo de derechos, está enfermo es mi hermano, el más pequeño de mis hermano. No te metas con mi hermano.

Hay un mandamiento hacia la caridad justicia que hace Dios, es su palabra, y eso es inamovible. Aquello que dice el mismo Jesús, el cielo y la tierra van a pasar, mi palabra no. La palabra permanece, eso empuja también a que la Iglesia se preocupe no por sensibilidad sino por decisión, porque es lo que tiene que hacer.

Cáritas es el lugar donde comienza haciéndose caridad en aquellos ámbitos donde algún hermano está sufriendo. Encima, hermanito del rey… estamos listos. Después la caridad tiene que hacerse camino de justicia. Siempre ha sido así, la caridad abre el camino a modo de muestreo, se muestra frente a todo lo que está haciendo para que todos los que tienen alguna decisión en el puesto que ocupan vean lo que la caridad les muestra y hagan justicia.

Los primeros hospitales nacieron porque la Iglesia recogía los enfermos leprosos que se morían en la calle, entonces los ponían en la casa, los hos-pedaban, hos-pitales… Pero lo hacían así porque se morían, no había nada. Pero después tenían que abrir los ojos y hacer los hospitales para que por justicia se le diera la manera de resolver el derecho que les corresponde por estar enfermos.

Comienza por la caridad pero termina por la justicia.

-En una entrevista posterior a la asunción del papa Francisco decía que se venía un ciclo de profundas transformaciones. Pasaron casi cinco años, ¿cree que acertó el pronóstico?

Sí, siempre creo que hay un camino en la realización, nunca es de golpe. Pero la transformación es embrionaria cuando uno anuncia, el tiempo después se va viendo, generalmente es más largo del que nosotros esperamos porque el hecho a veces es tan doloroso que lo quisiéramos resolver ya.

Pero “llame ya” es un eslogan de esta cultura media urgente y nos quita el valor del esfuerzo, de la perseverancia, del estar. La palabra siempre habla de la perseverancia, no aflojes, no aflojes, no aflojes. Llega un momento que nos parece que las fuerzas del mal, por decirlo de alguna manera, son más peligrosas que las del bien y bajamos los brazos, nos entregamos. Perseverar es esto, no aflojés hermano. Eso es lo que hay que hacer. Los derechos humanos se han ido estableciendo después de un tiempo bastante importante pero siempre que haya generaciones que no aflojen en esto, si no se pierde.

Y cuando se dice que es un hecho transformador creo que sí. En 2013, leyendo un reportaje que agarre de casualidad que le hicieron en Buenos Aires a (Leonardo) Boff, que es un franciscano que ahora ha salido pero ha estado siempre en atención a todos los conflictos de tipo social, especialmente los que son ecológicos porque ha estado siempre en el tema del agua, de la creación. Y dijo que el único que ha acertado el tema ha sido el papa porque habló de la ecología como cuidado de la casa común donde los que van a sufrir en primer lugar -no en único lugar- son los pobres. Y después vamos a caer todos, nosotros canchereamos creyendo que van a caer algunos y nosotros no. Estaba realmente sorprendido. Le pregunta el periodista: ¿cree que el papa puede hacer algo más? Sí, pero con lo que hizo es bastante.

Y el papa siguió hablando, ha hecho signo el domingo anterior al último domingo del año litúrgico que es Cristo Rey, la Jornada Mundial por los Pobres. No tanto para saber que los pobres tienen hambre o tienen esto o les falta aquello sino para que la comunidad se dé cuenta, es una interpelación a la comunidad, no al pobre. Ni siquiera “denle de comer”, no, que se den cuenta que está el pobre. A veces hay gente que por ahí cierra los ojos pero hay otra que por ahí no se da cuenta, viven en medio de la pobreza y la ven como natural. Que ya no es una pobreza digna, ya es miseria, por debajo de la pobreza, no alcanza para nada.

-Usted planteaba esa diferencia con la época de la fundación de Cáritas respecto a la marginalidad.

Claro, están tan mal que están ex-cluidos, fuera. Y la Iglesia es comunión, es decir, incorpora, lleva a la comunión. Lo que no está en la comunión humana está fuera, está ex-comulgado. Nosotros hablamos de excomulgados desde el punto de vista religioso pero una comunidad que no participa de los bienes de la creación está ex-comulgada, pero no religiosamente. El tipo tiene que pedir ayuda a una buena persona que por ahí tiene para comer, sí, pero no es eso solo, la comida no es el hombre que se alimenta y sigue después en la miseria sino el que se alimenta en su casa, con su familia, reponiendo las fuerzas que gastó en el trabajo, es eso.

-¿En el contexto actual piensa que eso se está resolviendo o profundizando?

Creo que en esto los gobiernos siempre tienen aciertos y desaciertos. El problema es que el que acierta es Dios. El Señor de la Historia, aquel que está en medio nuestro, es el que va moviendo los corazones y a veces personas de las que nosotros no hubiésemos esperado nada, o un tipo que era hijo de un magnate de las telas, como era el papá de Francisco y lo hizo el pobrecito de Asís, y revolucionó todo el sentido de lo que debía ser la pobreza, la comunión con la creación, con los hermanos, con los pobres. A partir de allí entra un movimiento en el que se comienza a trabajar con los pobres con más ímpetu en aquel momento en que había mucha dificultad.

Yo creo que Dios está presente y se sirve de los hombres de buena voluntad pertenezcan a donde pertenezcan. Porque como dice Jesús cuando está entrando a Jerusalén y la gente grita, bendito el que viene en nombre del Señor, ahí le dicen que haga callar, si se callan estos van a gritar las piedras, ¿no?

Hay  una cosa que es imparable, Dios no baja los brazos ni la voz cuando los hermanitos están como están. Y hoy hay muchos hermanitos porque el mundo y acá hay muchos pobres, porque Argentina es un lugar para que exportemos cosas para los demás.

-¿Qué piensa de la riqueza?

Dios es rico. El problema es el acaparamiento. Hay una parábola de Jesús en el Evangelio de Lucas, el capítulo 12, cuando el tipo dice: fue una gran cosecha, qué voy a hacer, voy a destruir los graneros y voy a agrandar y voy a amontonar. Y la voz de Dios le dice: insensato, esta noche van a pedir tu alma. ¿De quién va a ser todo lo que amontonaste?

El problema es el amontonamiento, no puede ser que haya personas de una fortuna con tantos bienes y tantos que no tienen nada. Si en una familia somos diez, como yo solo y el resto lo guardo en el freezer, los demás se van a morir de hambre. El problema no es que no tenga comida si no que no la distribuyo.

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