
El proyecto «Ayudemos a ver mejor» promovido por docentes y estudiantes de la Licenciatura en Óptica y Contactología de la UNS, Cáritas y el programa Punto de Encuentro Comunitario, atendió a familias del periurbano. La propuesta incluyó asistencia municipal referida al Plan Calor, control de libreta sanitaria, medición de tensión arterial y glucosa. Participaron la Secretaría de Salud y la Subsecretaría de Producción.
Marina Huentenao recordó que «desde el 2025, el PEC de Cáritas, llevado adelante junto a la Secretaría de Políticas Sociales, busca dar respuestas o visualizar problemáticas de salud que manifiestan las personas de los diversos proyectos que promueve la institución a través de sus áreas de pastoral, vivienda y economía solidaria».
El encuentro realizado el 27 de abril permitió la entrega de 32 anteojos a personas que habían sido atendidas previamente durante la primera campaña realizada en Colón 80. «Para nosotros fue muy emocionante ver el impacto que tiene algo tan simple como un par de anteojos en la vida cotidiana de las personas», dijo la docente Doris Rivadeneira, creadora del proyecto.

Comentó que en esta ocasión incorporaron un cuestionario relacionado con la accesibilidad al sistema de salud, a la corrección óptica en caso de necesitarla, la situación laboral, ingresos, nivel educativo y también aspectos vinculados a la visión, funcionalidad y calidad de vida.
«El objetivo de estas preguntas es conocer más profundamente las barreras que enfrentan las comunidades para acceder a la atención en salud visual. Nos pareció fundamental comenzar a implementar esta herramienta para comprender las realidades sociales y sanitarias de estas poblaciones, y poder pensar futuras acciones desde una mirada más integral», agregó.
Finalmente, se realizaron los tamizajes visuales para evaluar cómo ven las personas tanto de lejos como de cerca. «Además de los integrantes del proyecto ‘Ayudemos a Ver Mejor’, en esta oportunidad también nos acompañó un residente de medicina, lo que enriqueció mucho el trabajo interdisciplinario».

Fueron atendidas 51 personas, entre ellas, 15 eran niños/as. Se detectó que 25 necesitaban ser derivadas al oftalmólogo por presentar disminución visual y requerir una evaluación más completa. «Estos datos reflejan la gran necesidad que existe en estas comunidades de acceder a controles visuales y atención especializada», afirmó Doris.
«La salud muchas veces queda para otro momento»
Pablo García tuvo a su cargo la convocatoria desde la Subsecretaría de Producción municipal, junto a Valeria Micheletto, trabajadora social del sector. Mediante los grupos de mensajería de los productores y de la Escuela 44 y el jardín de infantes se acercaron la información a todas las familias de la zona rural de Sauce Chico, Villarino Viejo, Colonia La Merced, Alférez San Martín.
«Al ser una convocatoria personal y puntual tenían la posibilidad de consultar y repreguntar si su situación cabía en el operativo -explicó-. En su mayoría son familias de productores hortícolas pero también tienen animales de granja u otras actividades productivas de pequeña escala, algunos propietarios de la tierra, dueños de la producción y otros trabajadores jornaleros, medieros que trabajan en relación de dependencia de unidades un poco mayores», dijo Pablo.

Por movilidad, disponibilidad de tiempo para sacar turnos o de recursos el acceso al hospital o a la unidad sanitaria no suele ser sencillo para esta población. «La actividad hortícola y el trabajo rural demandan de muchas tareas a la luz del día. Muchas veces la sanidad o el cuidado personal, la atención de la vista, controles oncológicos, no se priorizan en función del trabajo, del quehacer, de los ritmos de la producción que impide que se movilicen».
«Acercando estos controles al corazón de la comunidad, poniéndolos muy cerca de la dinámica familiar y de trabajo, con un rato que puedan abandonar la actividad productiva logran hacer el control, hacer el seguimiento y encontrar respuesta a esos problemas de salud», sintetizó.
«Nos movilizó profundamente»
«Pudimos observar una realidad muy difícil», contó Doris. Muchas de las personas tienen escolaridad primaria incompleta y nunca habían asistido a un oftalmólogo. «Además, en muchas viviendas el único servicio disponible es la electricidad, lo que refleja las condiciones de vulnerabilidad en las que viven estas familias».
La docente destacó que «al mismo tiempo, es muy gratificante poder aportar, aunque sea desde la salud visual, a mejorar la calidad de vida de personas que atraviesan tantas necesidades».

«También considero muy importante que los estudiantes que participan del proyecto, alumnos de la Licenciatura en Óptica y Contactología de la Universidad Nacional del Sur, puedan conocer realidades que van mucho más allá de lo que se aprende dentro de un aula. De eso se trata también este proyecto: de construir un puente bidireccional entre la universidad y la comunidad, donde nosotros aportamos nuestros conocimientos académicos y la comunidad nos acerca problemáticas reales, generando así una transformación social conjunta», afirmó.